Sigue la protesta… pero el piso está parejo.

El lunes, Luis Rocca, trabajador de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) reinició y radicalizó su huelga de hambre. Al hacerlo, hizo pública una carta dirigida al Director Ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, Ronald Gamarra, que está disponible aquí.
En la carta, Rocca explica los motivos de su huelga, que son –a mi juicio- fundamentalmente dos: (1) su crítica a la gestión administrativa de la CNDDHH que, en su visión, se muestra incapaz de garantizar la viabilidad financiera de la institución, generando un costo social que pagan sus trabajadores, y (2) un maltrato personal, debido a las malas maneras y al autoritarismo con el que se ha procedido. La Coordinadora ha respondido con un comunicado, disponible aquí, en el que rechaza las acusaciones de abuso laboral, exhorta a Rocca a detener su medida de protesta y –a la vez- anuncia que tomará medidas legales, se entiende que contra Rocca.
Aquí hay dos problemas, que tienen que ser resueltos sucesivamente y por medios distintos. El primero es el problema laboral de base. Si por un motivo legalmente válido una institución tiene que pasar trabajadores a medio tiempo o cesar contratos, eso no le permite a los responsables de esa institución el hacerlo de una manera arbitraria o sin explicación. Una institución que debe reducir personal tiene que hacerlo de acuerdo a un plan transparente y técnicamente defendible. Nunca será un proceso fácil, pero los trabajadores tienen derecho a participar en la gestión. Además, todo trabajador tiene derecho a representación legal, no hay que irse a una huelga de hambre para obtenerlo. Representación legal y mediación profesional. Diálogo entre las partes. No hay otra forma.
El segundo es el problema político. Por tratarse de la Coordinadora, la prensa de ultra-derecha utiliza esta disputa laboral y le dedica una atención que jamás le darían a una situación similar o peor en una minera. Su postura es, evidentemente hipócrita e interesada. Pero el que la derecha sea hipócrita no borra el problema de base: la dirección ejecutiva de la Coordinadora es directamente responsable por no encontrar una forma de gestión laboral que evite un conflicto de esta magnitud. La salida política de este embarre tendrá que ser evaluada y resuelta por el Comité Directivo Nacional de la Coordinadora que -recordemos- no es meramente una oficina, sino un movimiento de decenas de instituciones en todo el país.
Esos son los únicos problemas reales en el escenario. Lo demás es ruido derivado de la polarización que toda confrontación laboral genera. Un resultado posible, luego de la catarsis, es el diálogo: enfrentar los temas con la ley en la mano. La reciente entrada del experimentado laboralista Javier Mujica en el escenario puede contribuir a ello. Pero la otra posibilidad es que la confusión genere más confusión, desmoralización, acusaciones, enemistades, rupturas. Depende de ambas partes, con gestos recíprocos de construcción de confianza, que el conflicto se maneje en una dirección positiva.
¿Cuáles serían esos gestos de confianza y cuál sería un escenario positivo? El gesto de confianza mutuo más razonable es volver temporalmente al estado de cosas anterior al conflicto: las medidas laborales que motivaron la protesta –y la protesta misma- deben suspenderse. El escenario positivo es una mediación profesional y técnica: ese debió haber sido el primer paso, antes de las medidas laborales que han motivado la protesta, pero también –es menester decirlo- antes de la protesta misma y su reinicio. El escenario positivo sería también un catalizador para discutir racionalmente la cuestión de cómo gestionar correctamente el sector sin fines de lucro: en la mesa deben estar temas como co-gestión, órganos de gobierno y sindicalización de la rama. En esto, el sector sin fines de lucro tiene enormes recursos humanos para llevar adelante una discusión productiva; me atrevo a pensar en alguien como Carlos Mejía, que tiene experiencia como sindicalista y como trabajador del sector sin fines de lucro, para lanzar una discusión ordenada sobre este tema.
Por supuesto, un escenario positivo de manejo de la crisis choca con los intereses de la ultra-derecha, que tiene su agenda y su propia lógica. ¡Con qué gusto se frotarán las manos en “Correo” por este regalo para distraer al público del triángulo amoroso Alan-Crousillat-Pastor! ¡A qué santo le estarán pagando misas por la oportunidad para crucificar a la Coordinadora y a su secretario ejecutivo quien, para ellos, no es sino el abogado que arrinconó a Fujimori! Pero, en fin, esa es la ultra-derecha, su tarea es poner obstáculos al movimiento de derechos humanos. Es esperable que actúen como lo hacen y hay que responderles, con transparencia y valentía.
Lo que sí me parece penoso es que haya quien aproveche la situación para airear teorías conspirativas sin ton ni son. Silvio Rendón, por ejemplo, no contribuye una sola línea de su blog a buscar soluciones al drama de un trabajador en huelga de hambre. Por el contrario, pareciera celebrarlo y se dedica más bien – a colgarle adjetivos a la Coordinadora y a insultar a Luis Rocca (y de paso ensayar una insólita defensa de Milton Friedman). Llamar “miembro de la nomenklatura”, o sea, criminal estalinista, a una persona que ha sacrificado familia y ventajas personales por una causa, desde que Silvio usaba pañales, debería darle vergüenza.
Lo digo con claridad: mi opinión es objetiva, pero no neutral. Se debate mucho sobre la objetividad últimamente, pero se la confunde con la neutralidad. En este blog se observan los procesos sociales en toda su complejidad, sin explicaciones facilistas, y se señalan las cosas luego de consulta y análisis. Pero esa objetividad no es neutralidad: aquí se apoya al movimiento de derechos humanos del Perú, con todos sus hombres y todas sus mujeres, como son: de carne y hueso, imperfectos, conflictivos, y tercos, gentes que –por esas mismas características- son luchadores sin los cuales el Perú sería un país más pobre. La Coordinadora es una institución imperfecta; debe y puede mejorar, pero es un espacio indispensable.
Este es el momento del desorden, pero pasará. Espero que la protesta de Rocca tenga una solución pronta y amistosa. Si eso no se logra, me conformo con que tenga una solución en los marcos del derecho laboral y de la ética. Más allá, espero que la crisis ilumine fallas de gestión y que estas se resuelvan con la misma combinación de prudencia y audacia que siempre ha derrotado a los maledicientes. Luego volveremos a debates nacionales para los que la CNDDHH es una voz indispensable.
La fuente de la foto, aquí.
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