Viñetas de las memorias: una respuesta
Javier Torres ha escrito en un reciente artículo que existe el peligro de querer convertir el Informe de la CVR en una “nueva memoria hegemónica” igual de intolerante que las de los actores de la guerra.
El argumento es muy similar al que presentó hace casi diez años, durante el trabajo de la CVR, la antropóloga Kimberly Theidon. Ella, con base en su trabajo etnográfico en comunidades ayacuchanas, demostraba que no existía “una” memoria subalterna opuesta a la memoria oficial, sino muchas memorias subalternas, con fuertes tensiones entre sí. El ejemplo más claro, que respondía a un problema que la CVR estaba en ese preciso momento constatando, era el de la represión en las comunidades hacia las versiones de las mujeres. En algunos lugares existía un veto directo a escuchar a las mujeres, descalificadas a veces como “locas” o “mentirosas” por los hombres en posiciones de autoridad.
La conciencia crítica de esa multiplicidad de memorias, incluso en el espacio de las víctimas, eventualmente conllevó a que la CVR aceptara explícitamente que su versión de los hechos era “contrastada intersubjetivamente” y –como directa consecuencia- “perfectible”; un relato abierto al “perfeccionamiento constante” y a la “reescritura continua”. Toda la metodología de la comisión está construida sobre esa aceptación de falibilidad como condición del razonamiento científico: los números son los más probables; la convicción alcanzada, siempre en relación a la evidencia disponible.
Lo planteado por Javier recoge, por lo tanto, la lógica del informe de la CVR. ¿Se justifica, entonces, la sospecha de que el informe abriga algún tipo de vocación autoritaria, tal vez orwelliana? No.
La crítica no puede estar dirigida al Informe que, como no es una versión perfecta, sólo puede aspirar a ser una base, la más exhaustiva de que disponemos, eso sí, para discutir nuestras memorias.
Se sigue, entonces, que la crítica tiene que estar dirigida a un “nosotros” que ha pecado de ingenuo (y que podría pecar de autoritario): el movimiento de derechos humanos. Hemos, dice Javier, “querido forzar procesos”, “hemos exagerado”.
Creo que necesitamos dos cosas para profundizar el debate: (1) más claridad y (2) una alternativa. Sobre lo primero, hay que precisar cuándo es que el movimiento de derechos humanos exageró: ¿Al luchar por una CVR? ¿Al poner todos los nombres juntos en el Ojo que Llora? ¿Al pelear por que se aceptara la donación por el museo de la memoria? Y si hubo exageración en cualquiera de esos temas u otros, ¿se está proponiendo abandonar algunas de esas peleas? ¿replantearlas? Y ahí viene lo segundo: ¿en nombre de qué alternativa?
Como Javier, yo estoy poseído del pesimismo más oscuro respecto a las posibilidades de crear memoria en forma democrática e incluyente, al menos en este momento. Creo que la ultraderecha (con ayuditas de la ultraizquierda) ha ganado muchos adeptos para la noción de que la CVR fue una gran mentira, un complot de izquierdistas rosados empeñados en un fraude descomunal. De hecho creo que –aún en el supuesto negado de que alguien en el movimiento de derechos humanos quisiera instaurar la memoria de la CVR como la nueva memoria hegemónica- no se podría, porque en este momento vivimos en la normalidad: es decir, en la defensiva, en el peligro, en el momento en que las víctimas constatan, que como decía Benjamin, “el enemigo no ha cesado de vencer” y que si finalmente vence, “tampoco los muertos estarán seguros”.
Pero creo que la respuesta a esa gran grisura no es tirar la toalla, y creo –conociéndolo- que Javier estará de acuerdo. Lo que queda por hacer es consultar con la gente, en particular con las víctimas, que son quienes –más allá del “nosotros” del movimiento de derechos humanos- se siguen manifestando y siguen arrancando concesiones del Estado. En efecto, esa consulta tiene que ser amplia y comprehensiva: pero eso no puede implicar poner todas y cada una de esas versiones en pie de igualdad. La construcción de memoria no es la construcción de un monolito, pero requiere al menos la reducción en el espacio público de ciertas mentiras evidentes, al decir de Ignatieff.
Dicho de otra manera: Javier tiene razón al señalar que hay que ir a hablar con los miembros de las fuerzas del orden mutilados en la lucha contra Sendero y con las víctimas de masacres cometidas por las fuerzas del orden, en la medida en que todos han visto sus vidas marcadas por la violencia. Pero eso de ninguna manera puede significar que ahora haya carta blanca para volver al negacionismo: no hay lugar luego del Informe de la CVR para que las versiones del “Agente Carrión” o de “Kerosene” súbitamente gocen de prestigio. En eso, estaremos de acuerdo.
Además, no puede perderse de vista que el diálogo entre las memorias no es simplemente un ejercicio hegemónico, sino que tiene también una dimensión legal, universalmente reconocida, de derechos humanos. La memoria no es completamente política y no se aprueba por referendo: el ejemplo más claro es el duelo de las víctimas. Estas tienen derecho a ejercerlo y a saber lo que ocurrió en la forma más exacta posible. No se puede renunciar –por más que las memorias sean falibles y contradictorias- a la pretensión de reconstrucción forense de los hechos, porque las víctimas requieren saber lo que ocurrió y porque la verdad no es mas que un elemento de la justicia, indesligable de la sanción penal contra los perpetradores y de la reparación integral a las víctimas. Ahí no hay margen para exageración alguna.
Por último, el artículo de Javier levanta un tema que, aunque es lateral a su argumento central, no es menos importante: sugiere claramente que el diálogo por la memoria no puede limitarse a la esfera política nacional, sino que debe darse democráticamente en las múltiples esferas políticas locales. Es inaceptable que un alcalde destruya un monumento con nocturnidad, como lo hizo el alcalde de Villa María del Triunfo (o como hizo Castañeda, nos guste o no, desplazando la estatua de Francisco Pizarro). Del mismo modo, es inaceptable que un alcalde le imponga un monumento a su distrito o que se monte oportunistamente en ese vehiculo.
No hay atajos en el laberíntico camino de las memorias.
Fuente de la imagen.
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Y mi respuesta a Javier Torres http://tinyurl.com/36me2kf
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elfjcgc
22 Jul 10 at 12:50 AM
buen artículo de eduardo sobre la construcción de la memoria RT @elfjcgc: Y mi respuesta a Javier Torres http://tinyurl.com/36me2kf
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queirolo
22 Jul 10 at 8:08 AM
[...] This post was mentioned on Twitter by rolando toledo, Eduardo Gonzalez. Eduardo Gonzalez said: Y mi respuesta a Javier Torres http://tinyurl.com/36me2kf [...]
Tweets that mention Viñetas de las memorias: una respuesta at La torre de marfil -- Topsy.com
22 Jul 10 at 8:21 AM
Me pareció muy bueno el artículo de Javier. Creo que la lucha política que supone la creación de una memoria histórica oficial nos hace perder de vista lo que él señala como central: los procesos de las diversas memorias en construcción que tienen más bien un formato de mediana o larga duración. Creo la aspiración de lograr espacios de consenso sobre la memoria (como pueden ser las expresiones simbólicas y artísticas que buscan transmitir un sentido de unidad y/o hermandad entre las víctimas, como El Ojo que Llora) es absolutamente válida, pero constituye hoy por hoy una aspiración que no es compartida por todos, no es aun una aspiración colectiva y unificadora. Es decir, tiene que ser un punto de llegada, no puede asumirse como punto de partida. Quizás en algún momento lo sea, ojalá, pero por ahora las batallas por la memoria se producen en el contexto de otras varias luchas políticas en las que a veces se pierde de vista el horizonte social y cultural de las muchas memorias que se van tejiendo cotidianamente, independientemente de lo que llamamos esfera política nacional.
Eduardo, sobre tu respuesta, me parece que la (auto)crítica de Javier se orienta claramente a las acciones por la recuperación de la memoria (así planteadas en individual) en el periodo post-CVR. Como tú dices, es muy importante la contribución de Kimberly Theidon en la línea de señalar no sólo la existencia de una multiplicidad de memorias subalternas, sino especialmente las tensiones entre ellas. ¿No crees que quizás, a pesar de haber recogido esta perspectiva en el informe de la CVR, algunas acciones posteriores del movimiento de DDHH (como la construcción del monumento El Ojo que Llora), ya en el terreno político y en la lucha por el establecimiento de la memoria oficial, sugieran que se ha perdido de vista esta perspectiva? Y aquí quisiera subrayar que me parece que el artículo de Javier apunta mas allá de la CVR, más bien al momento post-CVR, señalando que es posible que desde el movimiento de DDHH -que peleó por la CVR y continúa hoy su chamba- se haya adoptado una posición que -quizás sin proponérselo- asume la homogeneidad o unidad de las memorias subalternas y olvida sus tensiones y caminos sinuosos.
Entiendo que parte de tu respuesta responde a los ataques que ha sufrido y sufre la CVR, y aunque por cierto eso es parte importante del contexto en el que se da la lucha política por la memoria oficial, creo que no podemos, no debemos, convertirlo en el contexto significante natural de estos procesos. Para mí el aporte de la CVR es fundamental, a pesar de sus errores y deficiencias, pues ofrece la visión más abarcadora y polifónica que tenemos hasta hoy sobre la guerra. ¿Perfectible? ¿Incompleto? ¡Por supuesto! Se trata de continuar críticamente el trabajo de recuperación de los hechos y las voces para así apoyar el proceso de la memoria. Sin embargo, tenemos que reconocer que el informe como tal no es la representación de las voces que construyen la memoria, y esa es una distinción que quizás a veces se pierde de vista en el fragor de la lucha política cotidiana.
Saludos y buena voz que ya se puedan hacer comentarios en este interesante blog.
carmen ilizarbe
22 Jul 10 at 2:22 PM
Tienes razon, Carmen, el articulo de Javier se enfoca claramente en las actividades de conmemoracion, por eso su insistencia en actividades y espacios que llama “memoriales”: monumentos, performances publicas.
Por otro lado, su postura no es an absoluto inconsistente con el trabajo de la CVR ni con el compromiso con los derechos humanos; es exclusivamente tactica, es decir: expresa una duda sobre si el movimiento de DDHH no quiso avanzar por atajos en el proceso de conmemoracion en lugar de ir mas lento, pero mas seguro.
Hasta ahi, todo bien, pero creo que hay una exageracion polemica cuando se sugiere que el movimiento puede ser tan intolerante como los actores armados. Pero, por supuesto, esto es un giro retorico; es clarisimo que aspirar a un consenso nacional alrededor de los derechos humanos no puede ser -por definicion- un ejercicio totalitario o tan intolerante como los discursos historicos de SL o el fujimorismo.
Si dejamos esos excesos retoricos de lado, volvemos a la pregunta tactica de que se debio hacer y que no, despues de la CVR, cuya relevancia no esta en duda. Me parece que el Ojo tuvo un problema de base: buscar una representacion nacional, en el Campo de Marte sobre la base de acuerdos vecinales en el distrito de Jesus Maria. Obviamente, cuando cambio el alcalde, quedo expuesto y aislado.
Lo del museo de la memoria tambien me parece una situacion similar: no estaba en la agenda del movimiento de DDHH pero surgio por el repudio a la actitud prepotente del gobierno contra la oferta del gobierno aleman. En esa situacion, el gobierno, luego de constatar que el extremismo de Mulder y Flores Araoz no servian, busco una tactica de cooptacion y pasividad, con una comision que parece lenta, con poca iniciativa y lejanisima de las victimas.
Pero el hecho es que no basta con una anhoranza contrafactica (que hubiera pasado de no meternos en esos dos lios?). El hecho es que existen, que hacer? Ahi, creo que estoy nuevamente (tras un largo desvio) de acuerdo con Javier en que lo fundamental es volver a lo principal: la consulta con las victimas, tomar en serio las distintas memorias.
Eso levanta un tema que da para mucho mas que este intercambio: como construir -no una memoria- sino un espacio publico para las memorias. Mi intuicion es que se requiere algo asi como el “consenso minimo, sobrelapado” del que habla Rawls: nunca estaremos de acuerdo en todo, pero debiera haber al menos conviccion comun alrededor de algun valor fundante, que para mi es la dignidad de la vida humana como independiente de la logica del poder. Todos pueden construir un dialogo democratico desde sus verdades, pero ese minimo es indispensable. De lo contrario volvemos a cero y -en realidad- no estamos dialogando, sino simplemente gritandonos el uno al otro.
EduardoGonzalez
23 Jul 10 at 12:11 AM
[...] el de Javier Torres seoane, Viñetas de la memorias y finalmente el de Eduardo Gonzales, Viñetas de las memorias: una respuesta. Mientras Franka aborda el tema en una doble perspectiva, referida a lo ocurrido en Auschwitz y su [...]
Historia Global Online » ¿Cuáles memorias?
23 Jul 10 at 10:32 AM
Buena voz. Parece entonces que hay más acuerdos que desacuerdos.
Un último comentario sobre tu mención a Rawls. Los desafíos que plantea la construcción de las memorias son muy grandes, y creo que más aun cuando no tenemos en realidad UN espacio público en el que efectivamente se pueda ejercer la participación, sino muchos espacios públicos en los que las lógicas y dinámicas de participación son diversas. Además, incluso si hubiera UN espacio público, la lógica Rawlsiana simplifica demasiado los retos que la construcción de incluso un consenso mínimo supone, cuando asume que se pueden “suspender” momentáneamente las diferencias y desigualdades que caracterizan a los individuos. Las diferencias culturales por ejemplo, pueden ser enriquecedoras pero en principio plantean el tema de las traducción e interpretación de sentidos que no puede simplemente “suspenderse”. Y ni que decir del tema de las desigualdades que se reflejan en el espacio público otorgándoles a algunos y no a otros poder para organizar agendas de discusión e incluso definir el lenguaje en el que se discute y las reglas para el intercambio de opiniones. Por eso, plantear que la dignidad humana “debiera ser” aceptada como un valor independiente de la lógica del poder es un ideal normativo que puede plantearse como punto de llegada, pero no asumirse como pre-existente o ya dado, como ha señalado acertadamente Judith Butler. Incluso ese mínimo, no puede asumirse como dado. Y eso nos lleva no a tirar por la borda la apuesta por construir espacios de diálogo sino a reflexionar mejor sobre los inmensos, pero no imposible de remontar, retos que supone construir democracia en medio de la diversidad y la desigualdad.
carmen ilizarbe
23 Jul 10 at 10:34 AM
Carmen, agregas un muy elemento muy valioso (y muy complicado) a la discusion. En efecto, lo que esta ocurriendo en el Peru -a mi juicio- es que se dan al mismo tiempo un debate publico y la construccion de la mismisima esfera publica.
Creo que la transicion fue un momento de debate y tambien de ampliacion (efimera, fragil) de la esfera publica, un facilitamiento de las condiciones de inclusion. Este es un momento fluido, tal vez de contramarea.
Sin perder de vista la irreducibilidad de la diversidad, creo que hay que apostar a ciertas guias normativas: los derechos humanos como posible base de un consenso “razonable” y (en ese sentido) el respeto a las mejores razones.
Parafraseando a Mariategui, el Peru es un espacio publico en formacion; lo construyen en sucesivas avalanchas, nuevos publicos, nuevas demandas…
EduardoGonzalez
23 Jul 10 at 4:30 PM
[...] Viñetas de las memorias: una respuesta. [...]
¿Es posible una memoria común? | ¿Es posible una memoria común?
25 Ago 10 at 3:30 PM