Para variar un poco, los buenos hacen un faenón.

Publicado: 2010-09-15

A propósito del Decreto 1097, escribía Martín Tanaka hace solo unos días, que “La movilización en contra de este despropósito nos dará una muestra elocuente de los alineamientos políticos sustantivos en el país: qué sectores están con el Estado de derecho, con los derechos humanos, y qué sectores menosprecian la búsqueda de justicia”.

En el par de semanas que duró esta crisis, en efecto, se hicieron notar alineamientos importantes e inesperadamente positivos: coincidieron en el mismo espacio todos los partidos de la transición, menos el APRA; instituciones estatales como el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo; la prensa, menos “La Razón” y “Expreso” (“Correo” estaba demasiado machacado por las gaffes de su director como para intervenir); instituciones internacionales, y la absoluta mayoría de la blogósfera. En fin, desde Vargas Llosa hasta la señora María, se expresó un consenso básico alrededor de –por lo menos- el principio de que las violaciones de derechos humanos deben ser investigadas y castigadas.

Luego, las contradicciones en el propio gobierno y el pragmatismo a regañadientes de García terminaron por hundir el 1097.

Esto es sorprendente, porque los decretos se publicaron en un momento que hubiera parecido favorable al gobierno: el público estaba distraído con la campaña electoral y la Coordinadora de Derechos Humanos estaba sin director. La reacción fue una especie de wiki-texto, descentralizado, un poco anárquico, parte virtual, parte real.

Es posible que la actividad informativa generada por el debate político municipal limeño, antes que distraer a los creadores de opinión, haya contribuido a que los diversos “nodos” informativos actuaran “en caliente”… (¡Gracias de nuevo, Aldo Mariátegui!). Otro elemento tal vez relevante sea la importancia de la circulación de elementos gráficos, como se ha visto recientemente en la polémica de Cherman, o el puño de Villarán. Los clásicos Heduardo y Carlín definitivamente encontraron eco generacional, desde Alvaro Portales hasta los dibujantes del Otorongo; y ese encuentro en el espacio de la opinión gráfica sólo era indicativo de lo que estaba ocurriendo en el activismo, donde la Coordinadora de Derechos Humanos se encontró (o fue superada en dinamismo) por colectivos juveniles como los Ciudadanos de Segunda Categoría y otros.

El hecho es que la blogósfera ha sido (lo sigue siendo, porque quedan 3 decretos inaceptables) particularmente activa en la protesta: en las redes y en blogs circuló información, opinión y se coordinaron acciones a una velocidad que –simplemente- era técnicamente imposible en movilizaciones comparables previas, como la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional en 1997, o la crisis final del fujimorismo en el 2000, que se coordinaron por teléfono y por chisme de lo que estaba pasando Canal N.

Revisando, entonces, los alineamientos por los que se preguntaba Tanaka, parece que en la blogósfera la oposición a los decretos incluyó a tirios y troyanos. Una revisión rápida muestra, en desorden, artículos y actividad  significativa de Martín Tanaka (mencionado arriba), Raúl Mendoza Cánepa, Pedro Salinas, Ricardo Alvarado, Gonzalo Gamio, Henry Spencer(*), Carlos Quiroz, Ana María Vidal, Gustavo Faverón, Rocío Silva Santisteban, José Alejandro Godoy, Marco Sifuentes, Roberto Bustamante, Laura Arroyo, Ignazio de Ferrari, en fin, ahí lo dejo, porque es suficiente para mostrar el rarísimo consenso en una blogósfera que es –por lo general- agresiva y centrífuga. No encuentro opiniones a favor del Decreto, tal vez solo un par de distraídos: uno estaba en NotreDame y no dijo nada, enfocado en las elecciones; el otro estaba en Queens y priorizó como siempre en su rol de Inspector Javert de la CVR.

Los blogueros en el Perú tienen mas mérito porque escribían todo esto mientras iban a Mistura. En fin, es temprano para celebrar, y supongo que ya podemos volver a pelearnos, pero choquémosla para la salida, después de derogar el 1094, 1095 y 1096, ¿OK?

Fuente de la imagen: Ciudadanos de Segunda Categoria.

(*) Nota a pie de página: por deformación confesional, nunca he podido distinguir entre noms de plume, noms de guerre y nombres nomás.