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La papaya de Kuczynski

Publicado: 2011-03-05

En español colombiano “dar papaya” es darle a un rival la oportunidad de sacar ventaja a expensas de uno. “No dé papaya” dicen, siempre corteses, los amigos colombianos cuando uno cuenta que -por descuido- perdió la billetera a manos de un caco. Para aprovechar el descuido de otro, se dice “a papaya servida, papaya partida”.

Me detengo en estos colombianismos, para comentar la espectacular papaya (una más) que presentó Pedro Pablo Kuczynski al anunciar en el debate presidencial que su política de seguridad está inspirada en la de “su amigo” el ex presidente Álvaro Uribe de Colombia.

¿Sabe Kuczynski de lo que está hablando?

La trayectoria política del Sr. Uribe en Colombia, desde su gestión como gobernador de Antioquia, ha dejado un panorama de seguridad marcado por una transformación del riesgo: de un país asustado por la brutal banda de las FARC, a uno traumatizado por la no menos brutal amenaza de los paramilitares, en múltiples encarnaciones.

Los vínculos del uribismo y las mafias paramilitares quedaron en evidencia a raíz del escándalo de la “parapolítica”; un conjunto de investigaciones judiciales que han resultado en decenas de congresistas, alcaldes, gobernadores y empresarios arrestados o investigados por cooperación con el terrorismo paramilitar y el narcotráfico.

La desmovilización de los terroristas de las “Autodefensas Unidas de Colombia” fue uno de los más audaces golpes de mano del gobierno uribista. Fue el propio Uribe, desde su gestión en Antioquia, quien creó un marco legal para formalizar el paramilitarismo, a través de unas “cooperativas de seguridad” llamadas “Convivir”; y fue, luego, el mismo Uribe, presidente de confianza de los paramilitares, quien les ofreció la oportunidad dorada de “desmovilizarse” y pasar a la vida civil convertidos en flamantes congresistas. Si esa visión no llegó a realizarse, no fue por que el uribismo no lo deseara, sino porque la Corte Constitucional y la Fiscalía se interpusieron en sus planes, exigiendo a los “desmovilizados” la verdad sobre sus crímenes.

De hecho, fue la inesperada situación causada por un poder judicial independiente, lo que motivó que los antiguos jefes paramilitares se volvieran contra Uribe y delataran los vínculos de su entorno con ellos y con la droga. Cuando la presión de estos delatores –que estaban confesando demasiado ante los fiscales- se volvió demasiado fuerte, Uribe “recordó”, con la oportuna ayuda del gobierno de Bush, que Estados Unidos tenía pedidos en extradición a los incómodos jefes paramilitares. Así, entre gallos y medianoche, Uribe los embarcó a todos a los EEUU, sustrayéndolos a las investigaciones de la fiscalía colombiana. ¿Se imaginan eso en el Perú: Montesinos empieza a contar la verdad sobre su jefe y al día siguiente está mudo en una cárcel de Miami?

Bajo el uribismo, los defensores de derechos humanos, quienes denunciaron el sistemático abuso de su gobierno, al extremo de lograr una investigación (que continúa) de la Corte Penal Internacional, han sido públicamente hostilizados por el presidente y acusados de ser terroristas encubiertos. En Colombia, la violencia verbal es, por desgracia y por sistema, siempre prefacio de la violencia exterminatoria, y son legión los sindicalistas, defensores de derechos humanos y periodistas que han sido amenazados, golpeados o asesinados por el paramilitarismo. Los que han corrido con suerte, han tenido que enfrentar acusaciones penales absurdas, con el fin de silenciarlos. En un país como el nuestro, en el que cualquier patán con micrófono difunde amenazas con impunidad, ¿es Uribe el modelo para la presidencia?

Una palabra acerca de los sindicalistas y por qué los matan en Colombia: el paramilitarismo no es solamente un escuadrón de la muerte que le hace el trabajo sucio al ejército, ni una mafia de la droga. Es también una banda terrorista de derecha que controla la protesta social. Basta recordar el escándalo de la empresa bananera estadunidense “Chiquita Brands”, que ha sido condenada en su propio país (y sigue recibiendo acusaciones) por pagar “seguridad” a los paramilitares, que han intimidado y matado trabajadores. En un país donde las mineras hacen lo que les da la gana ¿es este el modelo que tiene en mente Kuczynski?

Ya agota esta enumeración, pero no está de más recordar el escándalo de las escuchas telefónicas ilegales que el servicio de seguridad estatal, DAS, llevó a cabo bajo el uribismo contra periodistas, defensores de derechos humanos, y miembros del poder judicial que investigaban no otra cosa, sino los vínculos entre paramilitares y políticos de derecha. En un país como el Perú, donde el uso de escuchas ilegales es común, me imagino que la admiración hacia Uribe sólo indica que a Kuczynski los “chuponeos” le importan un rábano.

Y ha sido,bajo el uribismo, no por último sino sólo para hacer esta enumeración menos larga, que la corrupción ha clavado sus zarpas en el entorno más inmediato a la presidencia. El primo del ex presidente, Mario Uribe, ha sido condenado por sus negocios mafiosos y electorales con el paramilitarismo, y los mismos hijos del presidente estuvieron investigados por negociados.

Uribe fue un maestro en polarizar, provocar y amenazar, degradando el nivel del debate público. Si no fue un caudillo reeleccionista como Chávez, no fue por falta de ganas, sino porque la Corte Constitucional no le dejó. Cuando su intento de segunda reelección falló, fue la propia derecha, harta de su caudillismo, la que pasó inmediatamente a apoyar las campañas de quienes buscaban sustituirlo, entre ellos el actual presidente, Juan Manuel Santos.

Llama la atención que los medios peruanos sigan agitando el fantasma del supuesto chavismo de Humala y no digan nada del uribismo confeso de Kuczynski. Uribe fue –durante su gobierno- hermano gemelo de Chávez, a veces en buenas migas, a veces en estridente pelea. Entre ambos, llevaron a Latinoamérica al umbral de una guerra entre países hermanos. ¿Dados nuestros conflictos limítrofes con Chile, de eso quiere aprender Kuczynski?

Creo que PPK no tiene idea de lo que dice; que no ha estudiado el caso colombiano con detenimiento; que obra por amiguismo o por pura impresión; y que eso lo delata como no sólo un pésimo candidato, sino como un pésimo posible presidente. Investigar un mínimo sobre el costo humano de las políticas de seguridad de “su amigo” el sr. Uribe era (para usar un peruanismo) papayita; pero sencillamente no le dio la gana.

Igual le resultaría papayita a los medios peruanos crucificar a PPK por la barbaridad de tomar como modelo a esta versión derechista de Chávez, pero –igualmente- no les da la gana alterar la imagen de tecnócrata capaz del deslucido candidato de un Perú de señorones autoritarios e ignorantes que –por fin- ya no es más que un hipo estadístico, sin ninguna posibilidad real de ser gobierno.

La imagen la he tomado de este lugar para amantes de la papaya.


Escrito por

Eduardo Gonzalez

Descendiente del gitano Melquíades. Vendo imanes. Opino por mi y a veces por mi gato.


Publicado en

La torre de marfil

Blog de Eduardo González Cueva