Si gana Fujimori

Publicado: 2011-06-03

Si este domingo es Keiko Fujimori quien prevalece, el país enfrentará una segura erosión de las más elementales garantías democráticas; una seria convulsión social y un grave peligro para los intereses nacionales.

La impunidad de corruptos y violadores de derechos humanos, que es la primera bandera del fujimorismo, no podrá llevarse a cabo sin destruir los modestos avances de la última década hacia un poder judicial independiente, y legitimará retroactivamente el engaño y el abuso.

El estilo autoritario de enfrentar las demandas sociales con el recurso del clientelismo o la represión, agudizará la frustración de quienes están excluidos del crecimiento económico, y podrá llevar a nuevos niveles la violencia crónica que sacude el país.

Fujimori y su controversial equipo no garantiza una conducción eficaz para defender los intereses nacionales. Cualquier contingencia seria y perfectamente posible, como una crisis diplomática con Chile, fluctuaciones en la demanda internacional de materias primas, o la intensificación de bandas criminales ligadas al narcotráfico nos encontrarían gravemente faltos de preparación y liderazgo.

Responder a un tal escenario de caos no será fácil: una victoria electoral del fujimorismo desmoralizará a amplios sectores de nuestra vida política, disgregará las alianzas electorales que hoy apoyan a Ollanta Humala, y conducirá en muchos casos a un sálvese quien pueda.

Sin embargo, la supervivencia del país demandaría acción, al menos en tres campos:

(1) En el terreno informativo, fortaleciendo circuitos alternativos a los de la prensa corporativa, estimulando el periodismo ciudadano, la denuncia fundamentada y la difusión eficaz. No puede suponerse que la prensa alineada con el fujimorismo descubra de pronto la necesidad de un rol fiscalizador, por lo que el reto para los medios libres y las nuevas plataformas, como Internet, será enorme.

(2) En el terreno institucional, expandiendo el tejido asociativo, creando foros democráticos en todo el país y en la diáspora, no sólo para denunciar sino para proponer políticas alternativas y para efectivizarlas desde los espacios locales y sectoriales. Lo que es fundamental es que la sociedad vaya más allá de la protesta y sea capaz de articular políticas alternativas, opciones de gobierno, plataformas que agreguen intereses y preparen la derrota del fujimorismo.

(3) En el terreno político, generando nuevas formas de participación, más allá de los partidos políticos, aunque sin excluirlos; luchando contra la maquinaria de corrupción en cada decisión barrial, sindical, estudiantil, municipal y regional. La lección dejada por las elecciones del 2010 y el 2011 es que la unidad de las fuerzas modernas del país es posible, y que la división electoral es suicida. Habrá que conducir espacios de concertación desde el socialismo hasta el liberalismo, con el norte de crear un nuevo sistema político moderno e incluyente.

La lucha ciudadana requerirá creatividad y resistencia. Creatividad para idear siempre nuevas formas de dar voz a la ciudadanía, para persuadir, educar y movilizar. Resistencia para proteger a aquellos sectores que están en el blanco de un fujimorismo vengativo: la justicia, las víctimas de graves violaciones de derechos humanos, las poblaciones afectadas por el extractivismo de materias primas, los consumidores saqueados por los monopolios. La desobediencia civil no violenta, la defensa activa de los derechos humanos, la educación calle por calle serán la exigencia de la hora.

Tales formas de actuación, por supuesto, no se limitan necesariamente a la hipótesis de una victoria electoral de Keiko Fujimori. Incluso derrotada el 5 de junio, la organización criminal ha demostrado su enorme poder, en alianza con los sectores más conservadores y corruptos del país. Es de esperar que –excluidos del ejecutivo- harán lo posible por obstaculizar un gobierno democrático. Pero esa, la del fujimorismo en la oposición es, por ahora, una hipótesis optimista. Pongámonos en el peor de los casos, pues es –a veces- en el momento de peligro que relampaguean las respuestas de la historia.

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