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Que debatan

Publicado: 2016-01-19

La perspectiva de una presidencia de Keiko Fujimori, y la falta de entusiasmo –sino rechazo- por sus competidores más cercanos, ha resultado naturalmente en la búsqueda de candidatos alternativos, entre los cuales, la mayor atención ha caído en Verónika Mendoza y Julio Guzmán.

Yo apoyo a Verónika Mendoza. Pese al sesgo, creo que puedo hacer un análisis objetivo sobre lo que parece ser un problema fundamental de ambos candidatos para ser realmente competitivos. 

El problema reviste una forma exactamente opuesta. 

 Mi candidata dice lo que dice y ahí se planta. No se mueve para atraer a sectores distintos a su base. Esto es lo que es y si no te gusta, qué pena. Mismo muro de Sacsayhuaman en terremoto de 12 grados: no se le mueve ni el liquen. Como resultado, la pones delante de un periodista y apenas entra al set, se atrinchera y diez periodistas después no cambió ni una coma. Es una persona transparente. Sabes quién es y qué va a hacer. Su campaña es así: identitaria. Pero eso no alcanza. 

 Julio Guzmán, siempre dice lo que el interlocutor quiere escuchar. Su opinión es tan flexible que levanta temores sobre su identidad. Mismo mar de Cantolao en el que flota una malagua. Todo depende del periodista: ¿Un joven antivelasquista? Abajo la consulta previa. ¿Un liberal progre? La consulta es un derecho. Al final, nadie tiene realmente idea de quién es. Es un buen candidato porque jala todo, o puede caerse, si la gente empieza a hacer preguntas. Difícil saber, en realidad, qué haría. 

Es sorprendente que tengan debilidades tan simétricamente opuestas. Además es revelador que ella, la congresista, sea rígida y él, el tecnócrata, sea blando. En un sistema político normal, los congresistas son expertos negociantes, abiertos a opciones, y los tecnócratas son expertos diseñadores e implementadores de fórmulas. Nuestro congreso es tan tóxico que una representante como Mendoza no entra a negociar, sino a defender. Nuestro ejecutivo es tan acuoso que un experto como Guzmán no entra a aplicar, sino a vender. 

 Sea cual sea la razón, ella necesita articulaciones y él necesita columna vertebral. Ella necesita leer al votante y él necesita leer su programa. Por suerte para ambos, y presumiblemente para nosotros, los que buscamos alternativas, los dos son alumnos aplicados y pueden mejorar. 

 Mejorarán, sin duda, pero creo que ya es hora de que enfrenten al mejor entrevistador posible: que es el uno y el otro. Sería una buena idea sentarlos en el mismo panel, en terreno neutral, y verlos debatir, sin la distracción de la manga de sinvergüenzas que hasta ahora domina la elección. 

 En el mejor de los casos, aprenderían el uno del otro, y le demostrarían al país que no es necesario estar atrapado entre sinvergüenzas y sinvergüenzas. En el peor de los casos, por lo menos, sería una medida de transparencia para satisfacer la urgente ansiedad de esa enorme franja del país que sigue buscando.   


Escrito por

Eduardo Gonzalez

Descendiente del gitano Melquíades. Vendo imanes. Opino por mi y a veces por mi gato.


Publicado en

La torre de marfil

Blog de Eduardo González Cueva